EL MUNDO SEGÚN LOS ALGORITMOS

Muchas veces me había visto en la siguiente situación: en una ciudad turística se aproxima la hora de comer y en la zona centro hay gran variedad sitios de similar aspecto. Todos vacíos porque aún no era la hora de comer/cenar pero con una incipiente nube de turistas sobrevolándolos indecisos. De pronto alguien se sienta en una de las terrazas y para el resto de gente que pase por delante será un reclamo (“mira vayamos a este sitio que no está vacío”) para sentarse e incrementar al mismo tiempo el atractivo del sitio. La evolución típica era que ese primer sitio se llenaba hasta desbordarse y empezar a llenarse los de al lado1)Esa era la razón por la que muchos restaurantes de carretera invitaban a comer a camioneros, centrados en la creencia popular de que donde hay camiones se come con una buena relación calidad/precio. Los restauradores saben que esto se puede lograr bien subiendo la calidad de toda la cocina o bien bajando el precio a los camioneros. . De esta forma de esta forma los turistas-consumidores pueden condicionar la elección de los (siguientes) turistas-consumidores. 

Un veranos que dediqué a recorrer Ibiza y Formentera con unos amigos en un velero, fondeamos frente a San Antonio y nos acercamos a tierra en una pequeña zodiac. Recorríamos el paseo con el paso firme del que aún siente las olas bajos los pies. Antonio con su traje de lino blanco para la ocasión, Ana con con una falda y yo con las mismas bermudas militares de batalla marinera. Al mareo de tierra se unía el mareo ante el circo que los turistas han montado en esa pequeña localidad en contraste con la paz de abordo, mecidos por la olas. Un chica local iba repartiendo invitaciones para un pub cercano a las ordas de ingleses también transitaban con un paso más acelerado que nosotros pero mucho menos firme prometiendo a cada grupo “Hey guys! Do you wanna drink a lot, free shots and good music?” cuando llegó a nosotros, tras escanear rápida y profesionalmente nuestra edad y nacionalidad dijo con el mismo tono “¡Hey gente! ¿quieren ver el espectáculo de los guiris borrachos en el pub?”. 

Me quedé maravillado, de esta forma tan impecable los turistas ingleses habían llegado a convertirse en el propio producto. Pude descubrir otro ejemplo cuando fuí a la pequeña isla tailandesa de Koh Phangan2) sus 125 km cuadrados cabrían holgadamente dentro de Ávila. , más conocida como por su fiesta de la luna llena. 

Básicamente en una pequeña playa del sur cada mes se juntan unas treinta mil personas (triplicando a la población local) para celebrar que sale la luna llena. Por lo demás la playa no tiene más que una hilera de unos cuarenta kioscos adosados de dos metros de ancho donde que ofrecen exactamente lo mismo: cubos de metal con hilo, una botella de licor y varias latas de refresco o bebida energética. En épocas baja todos llaman a los pocos turistas que se pasan por delante y, a medida que uno se acerca a uno de los puestos, su vendedor, y especialmente los de los lados empiezan a chillarte y chillar a los de los lados para que vaya supuesto y no al del vecino3)La escena me recordó a una vez que fui a una perrera municipal donde los animales alternaban zalamerías para el curioso y gruñidos para los de los lados. . Yo pude ir en cuarto creciente ya que la ocupación de la isla (y los precios) es igualmente una cuarta parte (aunque también creciente). Pude aún así conocer a gente que se iba a quedar hasta el gran evento. Una chico había venido desde Australia. Ante mi curiosidad de qué tenía de especial esa playa frente a las de su continente me dijo “aquí se junta unas treinta mil personas”. En resumen: toda esa gente iba al ese lugar porque iba toda esa gente. El producto era la fiesta que montaban los clientes que consumían el producto. 

Esto en el mundo virtual es mucho más frecuente siguiendo la máxima de cuando el servicio (mensajería, correo electrónico) es gratis entonces el producto eres tú. En las plataformas de contactos donde la gente busca “algo a su medida” o “un chollo”  por poner sólo dos ejemplos del imaginario consumista, el producto (literalmente hablando) son el resto de usuarios o usuarias en un mercadeo donde prima la ley de la oferta y la demanda. 

El ejemplo inicial de las terrazas de los restaurantes, que he simplificado y exagerado un poco (no siempre es así de claro), lo he contado en pasado porque cada vez menos es así. Cada vez menos la suerte de un lugar juega en los turistas que pasan ese día, cada vez más por las inferencias de el mundo virtual la suerte del mundo real se juega, e incluso está sentenciada, desde mucho antes. 

En efecto, sitios como TripAdvisor redefinen el espacio en el cual se mueven los turistas que siguen y alimentan sus valoraciones. Su sistema de jerarquía a la hora de presentar los resultados de una búsqueda se basa en la cantidad, actualidad y puntuación de las valoraciones4) Lo explican en https://www.tripadvisor.co.uk/TripAdvisorInsights/w765 . Sin entrar a valorarlo sólo voy a destacar que cualquier sistema de orden muchos elementos (miles de canciones en Spotify o millones de páginas en Google) ofrecidos en un dispositivo que sólo puede mostrar unas decenas por páginas a un usuario que debe de elegir supone en la práctica la condena de la inmensa mayoría de elementos que no aparecerán en las primeras páginas.  Si el usuario no llega a verlos, suele conformarse con elegir un sitio para cenar o actividad entre los cincuenta primeros, no los comentará (ni para bien ni para mal) y seguirán al final de la cola, sin llegar a existir siquiera para el turista. Es por eso que en una misma calle puede verse una cafetería llena de turistas rodeada de otras iguales o mejores, más nuevas, donde no hay ningún turista pero sí muchos locales. De esta forma los sistemas de valoraciones imponen de forma intrínseca una inercia según la cual los más visitados tienden naturalmente a recibir más visitas conformando una selección VIP de lugares que acaban definiendo el espacio y por más que otros logren meter la cabeza el muy difícil que acorten la ventaja. 

El barrio en donde vivo en Valencia, Ruzafa, se ha convertido en el arquetipo del barrio “cool”. En mi misma calle han abierto siete negocios de alquiler de bicicletas de dos meses uno de ellos, de los primeros, se llena todos los días de turistas sonrosados que buscan una bici para hacer una excursión los otros están casi vacíos. Los precios son casi los mismos y todas las bicicletas tienen dos ruedas. ¿Qué ocurre? Si miro la realidad -el territorio- a través del cristal de la citada página web veo que ese negocio tiene 195 comentarios frente a la decena que tienen los demás. 

Si algo puede diferenciar al turista del viajero es por la aversión al riesgo, al error. El turista individual no se considera como tal sino un viajero muy distinto de los turistas de tour con los que se cruza por rebaños en las mismas atracciones turísticas pues está orgulloso de que está bien informado y seguro gracias a las app de su smartphone. A él no se lo han dado todo hecho en un tour, no, él ha elegido libremente a través de Google, TripAdvisor o Booking. Y por eso se considera viajero y no turista pues no ha contratado un tour. Lo cierto es que las opciones que se le muestran en esas aplicaciones no son en absoluto imparciales basadas únicamente en el producto sino completamente personalizadas para ese usuario al que esas plataformas, a su vez siguen constantemente. Para el derecho a viajar con que comentábamos antes el extra de hacerlo con información personalizada tiene como precio un seguimiento personalizado. En efecto, estas plataformas realizan un exhaustivo seguimiento del viajero, de lo que busca , de lo que consulta y de lo que nó, de donde pincha y simplemente dónde se para a mirar, sin avanzar la lista, de sus rango económico y de sus expectativas. Todo con la excusa de darle un servicio optimizado para él. Para comprobarlo basta simplemente con hacer una misma búsqueda en una plataforma en dos ordenadores distintos y comparar los resultados obtenidos. Google nos conoce mejor que nos nosotros mismos. ¿Recuerda el lector todos los viajes hechos hasta ahora?¿En qué hotel estuvo?¿a qué hora salía aquél tren? No pasa nada, en https://www.google.com/travel/trips puede revisarlos5)siempre y cuando no tenga desactivado el seguimiento.Si el mantra del renacimiento era “pregúntate a tí mismo” ahora es “pregúntale a Google” pues el te conoce mejor . De esta forma estas plataformas sólo nos ofrecen hoteles y restaurantes acordes con nosotros (con la idea que tienen de nosotros) reforzando la burbuja informativa en la que nos encerramos. Pero no sólo eso, también nos puede ofrecer los próximos destinos de viaje al igual que al buscar un libro o una canción también nos puede ofrecer el próximo, basado en la historia de consumo de otros usuarios con gustos similares al nuestro. De esta forma nosotros alimentamos el algoritmo mientras seguimos sus consejos.

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References

↑ 1. Esa era la razón por la que muchos restaurantes de carretera invitaban a comer a camioneros, centrados en la creencia popular de que donde hay camiones se come con una buena relación calidad/precio. Los restauradores saben que esto se puede lograr bien subiendo la calidad de toda la cocina o bien bajando el precio a los camioneros.
↑ 2. sus 125 km cuadrados cabrían holgadamente dentro de Ávila.
↑ 3. La escena me recordó a una vez que fui a una perrera municipal donde los animales alternaban zalamerías para el curioso y gruñidos para los de los lados.
↑ 4. Lo explican en https://www.tripadvisor.co.uk/TripAdvisorInsights/w765
↑ 5. siempre y cuando no tenga desactivado el seguimiento.Si el mantra del renacimiento era “pregúntate a tí mismo” ahora es “pregúntale a Google” pues el te conoce mejor