LO IRREVERSIBLE

Un aspecto esencial del proceso de turistificación de un lugar es ante todo, previo a cualquier análisis o valoración, que es irreversible. De principio a fin. Desconozco si la turistificación entre tantos fines puede tener un final pero de todas formas final e irreversible es una tautología.  Y lo es sobre todo, precisamente, en su principio1)Desconozco si la turistificación entre tantos fines puede tener un final pero de todas formas final e irreversible es una tautología , cuando se pierde una virginidad geográfica que no hay Celestina que remiende. Un lugar no puede pasar a ser desconocido de nuevo, una tribu no puede volver a estar perdida una vez encontrada. Y aún en el caso que decidiéramos preservarlos en una  reserva, volver a cerrar el portón de la valla del campo, ellos ya nos vieron a los otros. La otreidad que define, delimita y encierra a cada individuo hasta entonces libre en cuanto a solo. Si llegamos a una playa desierta, salvaje y nos queremos bañar desnuevos, la aparición de un sólo extranjero bajo un sol inclemente nos puede conmover más que el mar de sombrillas de Benidorm. 

Me confieso un apasionado de las playas vírgenes, las calas salvajes, donde poder bañarme tal cual vine al mundo. Lo del nudismo más que un destino en sí resultó ser un símbolo para reconocer las mejores playas y calas, las más solitarias y más bellas2)En teoría, ley en mano, todas las playas son, por defecto, naturistas pues escándalo público es más un delito activo que pasivo. Por ejemplo alguien podría estar desnudo tranquilamente en un parque leyendo un libro (a quien le chirríe que visite el Tier Garden de Berlín) o crear un escándalo público vestido con traje de nieve. En la práctica recuerdo, primeros ochenta a nacionales en la playa del Postiguet de Alicante entrar con mocasines brillantes en la arena a exigir a las primeras top-less que por decencia se cubrieran. ¿Eran otros tiempos? El año pasado vi ya al final de la playa del Saler en Valencia a policías locales llegar en quad y multar a un hombre que dormitaba al sol por circular en la bicicleta que tenía aparcada al lado. ¿Son otros tiempos? . 

Aunque nací en la capital más alta de España, me crié en Alicante y desde que tengo consciencia todo lo he visto y descubierto bajo la luz del Mediterráneo en aquella ciudad que los romanos llamaron Lucentum. 

Desde donde recuerdo, mi afán exploratoria siempre tuvo como destino preferido una playa, un recoveco. Las de la Albufereta, los arenales del Sol, el Carabasí, el Montíboli, el Conill o las de Tabarca fueron mis primeras conquistas de explorador. Después siguieron las de Almería: de los Genoveses, de San Antonio… 

No existía internet, y esos lugares se pasaban de boca a boca como un secreto, como un regalo sólo a compartir entre iniciados que mal sospechaban de qué iban a ser terribles iniciadores.

Como un mapa del tesoro dibujado en una servilleta, a veces no tenían ni nombre, sólo una somera descripción.

Así pude descubrir y acampar en la Cala de los Muertos antes de conocer su nombre. Éste es debido a que las corrientes arrastraban a los ahogados hasta ahí. Hoy, que tiene parking propio y está perfectamente balizada y atiborrada desde que apareció como una de las más bellas en un número extra veraniego del El País Semanal sigue teniendo el mismo nombre y me parece más adecuado, aunque por motivos distintos. Posteriormente hicieron otro especial llamado “las diez playas más bonitas de España” donde incluían mi más preciado descubrimiento en Almería. Es una cala a la que sólo se llega por un sendero que parte de otra también remota y se dirige hacia el interior, no hacia el mar. De ahí la sorpresa que me llevé al encontrarla. 

Desde aquí quiero felicitar a todos esos periodistas que por ganar unos pocos lectores más a un periódico que arrastra una deuda absurdamente millonaria  no dudan en desvelar a un público mayoritario lugares solitarios que a partir de ese mismo momento dejarán de serlo. Y les propongo otras ideas para futuros especiales como “Destripado de todos los trucos de magia que hasta ahora te ilusionaban”, “Niños, todo lo que siempre quisisteis saber sobre los Reyes Magos” o “Cómo van a acabar todas las series que podrían haberte entretenido”. Y tendrán que hacer esos especiales u otros por que el de “las diez playas más salvajes” YA no les servirán.  Una vez hice un catálogo de todas las calas que había descubierto y se lo regalé a mi amiga Marta. Ya existían Internet como medio masivo de difusión pero aún no se había usado para difundir las localizaciones de esas calas.

References

↑ 1. Desconozco si la turistificación entre tantos fines puede tener un final pero de todas formas final e irreversible es una tautología
↑ 2. En teoría, ley en mano, todas las playas son, por defecto, naturistas pues escándalo público es más un delito activo que pasivo. Por ejemplo alguien podría estar desnudo tranquilamente en un parque leyendo un libro (a quien le chirríe que visite el Tier Garden de Berlín) o crear un escándalo público vestido con traje de nieve. En la práctica recuerdo, primeros ochenta a nacionales en la playa del Postiguet de Alicante entrar con mocasines brillantes en la arena a exigir a las primeras top-less que por decencia se cubrieran. ¿Eran otros tiempos? El año pasado vi ya al final de la playa del Saler en Valencia a policías locales llegar en quad y multar a un hombre que dormitaba al sol por circular en la bicicleta que tenía aparcada al lado. ¿Son otros tiempos?